• Ivana Raschkovan

Acerca de los limites: Educacion o adoctrinamiento?

No me canso de escuchar esta frase tan de moda y que proviene de las más diversas personas: “Lo que sucede es que a Fulanito le faltan límites”. Sentencia ligeramente pronunciada por pediatras, maestros, psicólogos, abuelos, padres, etc. Pero pocas veces, casi nunca diría, nos preguntamos acerca de cómo transmitimos los límites los adultos a los niños.


En primer lugar: ¿Qué es un límite? ¿Es una orden? ¿Una regla? ¿Lo que el adulto “quiere” que haga el niño? Si nos detenemos a pensar, los chicos nos obedecen mucho más de lo que creemos y les damos muchas más órdenes de las que pensamos. Reflexionemos acerca de cuántas veces por día decimos que “NO” a los niños: “no hagas esto”, “no hagas lo otro”,” hacelo así” (que también es una forma decir que no, es como si dijéramos: “no lo hagas como pensabas hacerlo, hacelo como yo lo haría”). La autoridad que podemos tener frente a nuestros hijos se gasta si la usamos todo el tiempo; es como el dinero, hay que ahorrarla y utilizarla cuando realmente vale la pena invertir en ello. Y muchas veces la despilfarramos en órdenes innecesarias: “sentante derecho”, “no comas con la boca abierta”, “no ensucies”, etc. Los chicos no pueden hacernos caso en TODO lo que les pedimos que hagan, simplemente porque son niños y se comportan como tales. Eso es lo que muchas veces olvidamos, que son chicos, que están ensayando, aprendiendo, no pueden comportarse como adultos en miniatura. Educar mediante castigos y premios no considero que sea poner límites, a mi gusto eso es adiestrar, lo que en psicología se conoce como condicionamiento. No sé ustedes, pero yo no quiero niños adiestrados a través de un sistema de castigos y recompensas. Yo quiero que mis hijos sean libres, que puedan pensar y sentir libremente, parecidos o distintos a mí, pero libres. Por supuesto que también quiero que puedan convivir en sociedad, que sean respetuosos de sus semejantes y que sean felices. Pero estoy convencida de que eso no se alcanza adoctrinando, no se le puede enseñar ser feliz a un niño a través de una penitencia, tratándolo como nunca trataríamos a alguien de nuestra misma edad, gritándo, poniéndolo en ridículo o denigrándolo. El fin no justifica los medios.

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© 2019 por Ivana Raschkovan.