• Ivana Raschkovan

Criar en tribu


El ser humano es social por excelencia y en la historia de la humanidad las madres nunca criaron solas a sus hijos. Siempre lo hicieron en contacto con otras mujeres que pertenecían a su clan familiar o social y que acompañaban tanto a la mamá como al niño. Las mujeres más viejas transmitían a las recientes madres sus experiencias, brindando apoyo y sostén.

Hoy en día, principalmente en las grandes ciudades como Buenos Aires, muchas mamás confiesan sentirse solas o aisladas en la crianza; sus propias madres, tías, hermanas, amigas trabajan o se encuentran a una distancia que no facilita el contacto cotidiano, por lo que cuidar al bebé se torna una labor solitaria. Si bien es cierto que en las últimas décadas los papás han tomado un rol cada vez más participativo en la crianza, en ocasiones trabajan fuera de la casa, por lo que muchas mamás pasan largas horas a solas con su bebé.

Si combinamos el cansancio producto del sueño interrumpido, el aislamiento, la altísima demanda que implica cuidar a un bebé recién nacido, la falta de experiencia en el caso de mamás primerizas, con los cambios físicos y hormonales que implica el puerperio ¿acaso no es el caldo de cultivo ideal para que una mamá se sienta angustiada, deprimida o por lo menos sobrepasada?

En las consultas y encuentros de crianza, solemos preguntarles a las mamás cómo son sus días, con quiénes comparten el cuidado del niño y si cuentan con la ayuda de alguien. En un número altísimo de casos, las mamás que tienen la posibilidad de quedarse en su casa durante los primeros meses tras el nacimiento para cuidar de su bebé, suelen responder que con la única persona con quien se ven durante todo el día (además de su hijo) es con el papá del niño.

Pensemos en la mamá que dejó temporalmente su desarrollo profesional porque eligió un proyecto familiar de mamá presente, junto a todo el cambio hormonal y físico que conlleva el embarazo, el parto, el puerperio y la lactancia. ¿Acaso no es esperable que se sienta triste, encerrada y desconectada del mundo exterior? Aun cuando estos sentimientos conviven con la felicidad y el entusiasmo por la llegada del nuevo integrante en la familia, no son excluyentes. Son emociones que conviven y coexisten, no se anulan entre sí. Es habitual que esto despierte sentimientos ambivalentes, mezcla de felicidad y tristeza al mismo tiempo.

Salir al encuentro de otras mamás, escuchar las experiencias de otras mujeres que ya han atravesado o están transitando las mismas vivencias afectivas, que comparten sus consejos, sus miserias y sus miedos, brinda un marco de sostén y referencia emocional que muchas veces sobrepasa la contención que puede brindar una pareja.


¿En qué consiste?​


Para los que no saben de qué se trata (yo antes de ser mamá no lo sabía), las tribus de mamás son grupos de madres que, con sus hijos, se autogestionan y reúnen con cierta regularidad, con la finalidad de compartir experiencias y apoyarse durante la crianza. La mayoría de las veces se organizan por cercanía y fijan un punto de encuentro que puede ser siempre el mismo o ir variando: una casa, una plaza, etc.

Hay un acto de valentía y de generosidad en la mamá que confiesa que no puede sola: esto no la hace mala madre ni menos capaz de cuidar a su hijo. Todo lo contrario, es una muestra de humildad y salud el necesitar a otro ser humano como sostén afectivo.

Una mamá acompañada por un entorno que la aloja es una mamá más estable y menos angustiada durante el puerperio. Pensemos en una mujer que trabajaba, iba, venía, era independiente, y de un día para el otro comienza una nueva vida en la que pasa muchas horas en su casa, ocupándose de su hijo a quien ama pero que depende día y noche de ella.

Criar en tribu es una forma de preservar a las mamás y a sus bebés, que son acompañados y cuidados por otras mujeres que a su vez se cuidan entre sí. La tribu escucha, acompaña, da consejos, sostiene y da afecto, tanto a la mamá como al bebé. Sería beneficioso que el estado procurara espacios de contención y encuentro para madres y que en todos los barrios -así como hay (o debería haber) un centro de salud, una plaza y una escuela-, hubiera además un espacio dedicado a este fin.

¿Por qué cada día son más las madres que eligen criar a sus hijos en tribu? Porque junto a otras mamás se sienten más fuertes y poderosas. Y por sobre todo ¡porque criar en tribu es más divertido!

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© 2019 por Ivana Raschkovan.