• Ivana Raschkovan

¿Quién mira a los pibes?


Hace algunos días fui a desayunar a un bar, uno de mis planes predilectos. La moza que me atendió, mientras trabajaba tenía a sus dos hijitos (de aproximadamente 3 y 6 años) sentados en una de las mesas; cada uno con un celular. Nada más lejos de mi intención juzgar a esta mamá que está haciendo lo que puede. Probablemente no tenga otra alternativa, ni otra persona disponible para que cuide a sus hijos mientras ella trabaja. Si la tuviera dudo que los llevara a un bar durante vaya a saber cuántas horas frente al dispositivo.


A estos pibes probablemente no les va a faltar un plato de comida esta noche en la mesa. Es posible que gracias a que su mamá tiene trabajo van a tener su necesidad de alimento cubierta. Claramente sin esta necesidad básica resuelta no hay una mínima condición de subsistencia posible, como lamentablemente sabemos que sucede en los sectores más relegados y olvidados de nuestro país y del mundo.

Pero aún teniendo resuelta la cena de los próximos días e incluso el resto de las comidas aseguradas, estos pibes como tantos otros, también están siendo relegados y olvidados frente a una pantalla. Mientras intento conectar con el café, las tostadas y mi plan matutino, los veo sentados inmóviles frente a los móviles y pienso: esto no es una excepción. Cada vez vemos a más pibes conectados a edades cada vez más tempranas. El problema radica en que las pantallas no pueden cuidar a los niños, no puede reemplazar la interacción con los seres humanos, no pueden satisfacer la necesidad afectiva. Pueden ser un entretenimiento o un recurso para un ratito pero no puede ser el único. Las pantallas no cuidan, no regulan, no brindan contacto, protección ni seguridad, sobreexcitan, impiden la libertad de movimiento, obturan en juego. No hacen prácticamente nada de lo que un niño necesita de un adulto cuidador durante la infancia. Por lo tanto no ofrece condiciones suficientemente buenas para la subjetivación. Necesitamos una sociedad que aloje a los niños mientras las madres y los padres trabajan. Los chicos y las chicas tienen noventa días de vacaciones al año, las mamás y los papás que trabajamos, quince días, veinte con suerte si la antigüedad nos favorece. La cuenta no cierra. Quién cuida a los pibes mientras las mamás y los papás trabajan? Las pantallas no pueden ser las responsables. Insisto, la culpa no es de los adultos cuidadores, ellos hacen lo que pueden. Para muchas familias, delegar el cuidado no resulta posible por motivos económicos o por falta de red. El cuidado de los niños y las niñas es una responsabilidad social. El aislamiento y el deshilachamiento del tejido social claramente no ayudan. Pero los pibes no pueden quedar al cuidado de las pantallas. Necesitamos redes de sostén, espacios de juego y de cuidados comunitarios, respetuosos, en cada barrio, en cada centro comunal. Necesitamos leyes de flexibilidad laboral para las madres y padres con niños a cargo. No nos cansamos de decirlo, la soledad y el aislamiento en la crianza no es un problema individual de cada familia, es un problema social. Quien mira a los pibes?

Ivana Raschkovan Psicóloga

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